3 de junio de 1997 - Stade Gerland, Lyon
En un partido amistoso previo al Mundial, Brasil enfrentó a Francia. Al minuto 21, Roberto Carlos tomó carrera para cobrar un tiro libre lejano, desde más de 30 metros. Pegó con la parte externa del pie izquierdo, y el balón describió una curva imposible: salió en dirección contraria al arco, pero se desvió mágicamente y entró por el segundo palo.
La física aún debate ese disparo. Fue catalogado como uno de los tiros libres más asombrosos de la historia, y dejó a los espectadores y rivales completamente desconcertados.
“No fue suerte. Yo entrenaba ese disparo todos los días. Sabía que podía entrar.”